«No todo lo que ocurre a mi alrededor me corresponde»

¿Te has parado a pensar todas las expectativas que proyectas en tus hijos e hijas?

Imagina una escena cotidiana.

— ¡Hola! Qué alegría verte. ¿Cómo están tus hijos? Hace mucho que no sé de ellos.
— ¡Hola! Muy bien, creciendo rapidísimo. Pues mira, el médico tiene tres años y el abogado cinco.
— (Risas) ¡Pero si todavía van a la guardería!
— Es verdad… pero es que hay que tenerlo todo previsto, ya apuntan maneras.

Puede sonar ridículo, sin embargo hace visible una realidad y es que muchos padres, madres, educadores y profesionales de la terapia o la psicología se relacionan de cotidiano, más con las expectativas futuras que con la persona real que tienen delante.
Normalmente, estas proyecciones sobre nuestros hijos u otras personas no nacen de la maldad, sino del amor.

«Cuando el vínculo no es con la persona»

¿Con qué frecuencia te cuesta cerrar una historia que se supone que ya no te aporta nada?

Las rupturas son una de las experiencias más complejas que atravesamos los seres humanos.
Hay rupturas que duelen por amor, pero hay muchas otras que duelen por todo lo demás. A veces pensamos que estamos sufriendo por la ausencia de una persona en particular, cuando en realidad estamos sufriendo por lo que esa persona representaba en nuestra vida:
la seguridad de tener a alguien al lado, la sensación de ser importantes, los planes que habíamos imaginado a su lado, la identidad que construimos dentro de la relación o incluso la imagen que proyectábamos hacia fuera.

Desde el método de trabajo Handudy, sé de primera mano que nos cuesta diferenciar entre el vínculo con una persona y el vínculo con lo que obtenemos de ella. Los sentimientos hacia la pareja cambian, pero el apego hacia aquello que simboliza la relación a menudo permanece intacto.